La Educación Superior o
universitaria juega un papel muy importante en el sistema educativo nacional,
siendo ésta la etapa en la formación integral del ciudadano que va más allá de
una formación humanística, científica y técnica, puesto que promueve el logro
de objetivos vinculados a la realización plena de la condición humana. En este
sentido, la educación universitaria tiene como meta lograr el pleno desarrollo
de la personalidad y el logro de un hombre sano, culto, crítico y apto para
convivir en una sociedad democrática, justa y libre, basada en los buenos
principios, los valores de la familia y la valoración del trabajo, así como la
preservación y enriquecimiento del ambiente, donde el ciudadano sea capaz de
participar activa, consciente y solidariamente en los procesos de
transformación social, consustanciado con los valores de la identidad nacional,
la comprensión, la tolerancia, la convivencia y las actitudes que están en pro del
fortalecimiento de la paz. Sin embargo, la situación país que atraviesa Venezuela,
no parece ser el mejor escenario donde se garantice todo lo antes expuesto o,
por el contrario, es un reto que se debe asumirse, a pesar de los tiempos
adversan el porvenir de la nación venezolana.
La realidad es que la crisis económica,
social, cultural y política que actualmente está atravesando Venezuela ha
venido afectando a todos los sectores del país y por ende a la educación
universitaria, la cual no escapa de esta cruel realidad. Es evidente que las
constantes dificultades que experimentan los estudiantes universitarios, además
de los profesores y empleados de las diversas casas de formación profesional, para
asistir a sus jornadas, es una de las principales causas de este problema,
puesto que es casi imposible encontrar efectivo para el pasaje que los traslade
a clase. O tal vez, otra realidad es la falta a clases por verse en la
obligación de comprar alimentos como prioridad para satisfacer una necesidad
básica, viéndose atrapados en inmensas colas que absorben gran parte del día a
día: podría decirse que la crisis económica está paralizando las universidades
venezolanas, e incluso hasta el punto de quedarse vacías, debido a la deserción
estudiantil y profesoral de las universidades siendo ésta una realidad
latente, puesto que un significativo número de estudiantes y profesores se han
visto en la obligación de abandonar las aulas de clases, para emigrar a otro
país en busca de una estabilidad económica que le permita mejorar su condición
de vida que no le está garantizando su propio país.
A pesar de que la educación superior
en Venezuela es golpeada por la gran avalancha de la crisis económica nacional,
puede observarse que aún profesores y estudiantes transitan por los pasillos de
los recintos universitarios sabiendo que esta situación atentan contra sus
bolsillos y su permanencia en las aulas. No obstante, esta viene a ser la otra
cara de la moneda, ya que son ellos los que apuestan por un mañana diferente y,
de esta manera, continúan estudiando con la intención de finalizar sus carreras
profesionales, a pesar de las dificultades antes señaladas, optando por una
vida más sacrificada, entre el trabajo y los estudios. Sin embargo, la situación
para estos estudiantes, cada vez se pone más aguda, porque tienen que
sobrellevar y superar escollos como la incapacidad de reponer insumos de
estudio, el aumento constante del pasaje, el incremento de los créditos para
estudiar; en el caso de las instituciones privadas, la paralización de
actividades, convirtiéndose en la propia odisea del universitario.
Hoy
más que nunca, el nivel universitario debe profundizar y solidificar estrategias
y métodos que permitan superar las situaciones adversas por las que atraviesa
el país y, en cierto modo, crear las herramientas necesarias que garanticen a
la sociedad avanzar en áreas importantes como los diferentes servicios públicos
y dar un impulso certero a su propio desarrollo. Para que esto sea posible, es
necesario trabajar en un cambio en cuanto a la estructura del sistema. En este
sentido, se hace menester plantearse la situación país como un paradigma que
amerita ser abordado desde diversas perspectivas, incluyendo el sistema
universitario y, desde esta realidad, trabajar en función de un cambio totalmente
diferente al que tenemos ahora; involucrando y comprometiendo en dichos planes
estratégicos, a los propios gobernantes y poderes públicos en general.
Desde
una perspectiva muy particular o personal, puede considerarse la gran
importancia que tiene la universidad para ayudar a resolver la crisis que atraviesa
el país, empezando por hacer de la misma,
un espacio donde se planteen objetivos y estrategias que tengan como meta
principal, afinar las destrezas y convertirlas en habilidades que sean
eficientes y productivas que permitan ir dando respuestas a cada una de las
interrogantes o soluciones a los diversos problemas que se vienen presentando
como retos, necesidades y expectativas sociales. La misma situación
país, ha inspirado a la creación de buenas estrategias que han surgido de forma
espontaneas, partiendo de los mismos valores puestos en práctica, tales como la
solidaridad, amistad, compañerismo, corresponsabilidad y apoyo incondicional de
jóvenes que, desde el exterior, brindan a compañeros que aún siguen estando
presentes en las aulas de clases, hasta cumplir sus metas. Pero a esto debe
estar integrado el mejor papel humanista que puede desempeñar el docente en
todos los niveles de educación, sin restarle la calidad y objetivo que tiene la
misma.
Sin embargo, de prolongarse esta situación crítica en el territorio
venezolano, es preocupante que se agravará más todavía la situación en el
ámbito universitario, hasta tal punto de afectar negativamente su estructura.
Por esta razón, se hace más que urgente y pertinente abordar un proceso de
cambio de la educación universitaria que esté liderada por su estructura
representativa e institucional, con la participación responsable de todos los
actores de la comunidad universitaria y de la sociedad a la cual ella debe su
servicio, puesto que deterioro en el que se encuentran muchas de ellas, debido
a la conflictividad generada tanto dentro como fuera del sector universitario, exige no permanecer de brazos
cruzados, sino por el contrario; si es necesario tocar fondo como última
estrategia, para tomar el mejor impulso para salir a la superficie, se debe
asumir como un compromiso de todos y por todos, donde el norte sea una
Venezuela libre garantizada por su sistema educativo en especial, caracterizada
por la gama de oportunidades que ofrezcan sus universidades.
Licdo. Héctor J. Oviedo Romero