La educación es como
la noria de un gigantesco molino cuyo alrededor gira un amplio e importante
conjunto de elementos del cual depende en gran parte el progreso y desarrollo integral de la
sociedad… Por tal motivo, se hace menester que el cuerpo directivo y su equipo
docente en general sean como ese viento que sopla fuerte en una misma
dirección, es decir, que reúnas las competencias adecuadas para
visualizar las complejidades propias de una sociedad que se caracteriza por ser
una realidad cambiante y demandante en constante dinamismo. Un equipo docente
con las habilidades gerenciales bien fundamentadas será capaz de entender, con
una mejor perspectiva, las necesidades
actuales, visualizar las modernas tendencias, tomar decisiones en los diversos contextos
de incertidumbre que puedan presentarse, aparte de saber identificar las oportunidades y diversos recursos necesarios para
alcanzar las metas trazadas que respondan a las demandas impuesta por
la sociedad y, de esta manera, pueda decirse con certeza que el alcance o
finalidad última apunta a una educación de calidad.
En ese sentido, al
referirse al profesional de la docencia, incluso en término plural, como equipo
docente o directivo, se está hablando del personal en quien recae de forma
directa la formulación de estrategias gerenciales que propicien el más adecuado
ambiente y mejoramiento continuo en todos los niveles, áreas y funciones de la
institución educativa, entendiendo éstas como puntos estratégicos y de
importante referencia que permitirán las más adecuadas respuestas al
permanente cambio que originan los nuevos paradigmas y no, por el
contrario, negarse a las posibilidades de cambio con un carácter imperativo y
mentalidad cerrada al progreso educativo, el cual tiene como finalidad, alcanzar
la calidad educativa que garantice a la sociedad ciudadanos y ciudadanas útiles
y capaces de afrontar el proceso de
cambio y nuevos retos.
En este sentido, pudiera
hacerse énfasis en la educación en venezolana, la cual ha venido
experimentando un proceso de cambio y transformación social; en cuanto al aspecto económico, político y
cultural, exigiendo, casi que de manera emergente, la construcción de
una nueva sociedad a partir de actitudes personales y colectivas, prácticas
de corresponsabilidad ciudadana, compromiso social, solidaridad, como
base fundamental para la formación de una nueva conciencia ciudadana
que hace necesaria la superación de las barreras que caracterizan a muchas de
las instituciones educativas venezolanas, como la deserción escolar, negación a
las nuevas propuestas y al cambio, apatía por parte de los padres y
representantes en los procesos educativos, rigidez en cuanto a la gestión
gerencial, falta en el sentido de pertenencia por parte de los diferentes
actores del proceso enseñanza-aprendizaje, entre otros factores.
Desde este punto de
vista, el docente de hoy debe implementar nuevas estrategias que permitan integrar y
articular a los diversos actores que hacen vida en el ámbito educativo: directivo,
docentes de otras áreas de conocimiento, personal administrativo y
mantenimiento, familia y comunidad en general, donde se contemple la
construcción de objetivos para cada una de ellas, atendiendo a cada momento del
quehacer educativo, a fin de alcanzar efectivamente las metas propuestas de
manera satisfactoria, a través del logro de grandes retos que exigen los nuevos
paradigmas, además de proporcionar el desarrollar
integral y potencialidades del individuo y, actuar como eje del
desarrollo local, promoviendo en todo momento la calidad educativa deseada.
Finalmente, es importante señalar que, así como hay
cambios positivos, también la sociedad moderna se ve amenazada por diverso
factores que afectan directamente el desarrollo integral del individuo y por
ende, de la sociedad misma. Cada vez existe más tráfico y consumo de drogas,
inseguridad debido al gran índice de delincuencia, corrupción, violencia
intrafamiliar, prostitución y un sinnúmero de acontecimientos que denigran la
integridad del individuo y de su entorno. Por esta razón, es importante
recalcar la necesidad de un profesional de la educación capaz de asumir su
papel como formador; un profesor ético que se preocupa por la buena educación
de sus estudiantes y como buen
ciudadano, puesto que con su labor educativa logra forjar profesionales capaces
y formados en valores, es decir, ricos en conocimientos y con un gran potencial
humano, con las herramientas adecuadas y un buen uso de las mismas que, desde
cualquier perspectiva, se definen como personas capaces de asumir los retos y
cambios de la sociedad actual, caracterizando la calidad educativa.
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